jueves, 5 de diciembre de 2019

Facetas de un hombre dedicado al cine



El secreto detrás del docente, empresario y cineasta lambayecano Manuel Eyzaguirre
Por: Eri Estefani Nagai Higa


Manuel Ricardo Salvador Eyzaguirre Bravo, es un cineasta y docente lambayecano con reconocimiento a nivel nacional. Desde su época de estudiante se ha dedicado a realizar cortometrajes y asesorar la producción de otros; combinando esta labor con una meritoria trayectoria docente. Estos méritos le han servido para posicionarlo como un referente a nivel regional, lo cual se refleja en las diversas promociones de alumnos cuyas producciones le han dado realce al cine lambayecano. ¿Pero qué hay detrás del enigmático cineasta? Aquí lo descubrimos.
Según nos cuenta, él mismo, Manuel Eyzaguirre nació en 1980 dentro de un cuarto del Hospital Las Mercedes. Días después fue llevado a La Victoria, distrito donde fue criado y dio sus primeros pasos. Así vino al mundo nuestro personaje y así lo recuerda. Pero lo que no puede recordar son sus años de infancia, los cuales estuvieron marcados por hechos de violencia familiar y frecuentes períodos de enfermedad. Así pues, tuvo una infancia compleja, inmerso en una familia disfuncional que él explica que es un tipo de familia común en nuestra actual sociedad. Aunque también indica que ello puede ser la causa de que no tenga muchos recuerdos de niñez ya que decidió bloquear su mente.
En sus años como estudiante escolar se caracterizó por ser un alumno mediocre, nunca echó raíces en un colegio, pues siempre cambiaba de estos. Afirma que esa etapa no fue importante para su vida pues ni siquiera logra recordar a algún docente y la comunicación con sus excompañeros es fría y distante. Sin embargo, cultivaba un interés por el cine, el cual nació gracias a que sus tías siempre lo llevaban a ver películas desde que era un niño. La película que más recuerda con emoción es “Aracnofobia”  ya que fue el primer film que vio solo, a la edad de 11 años. 
Optó, gracias a un sistema de becas, postular a la Universidad de Piura (UDEP) siguiendo los ideales de su madre quien deseaba verlo dentro de una universidad. Eligiendo la carrera de Ciencias de la Comunicación (según sus palabras por “descarte” ya que odiaba las matemáticas), logrando ingresar. Pero al igual que su vida escolar, su etapa universitaria académicamente no fue trascendente, siendo un alumno promedio llegando a repetir en varias ocasiones múltiples cursos. 
No obstante, la universidad fue la puerta para ingresar al mundo de la cinefilia y la producción audiovisual. Manuel considera que la universidad no es un lugar netamente académico, sino que “lo mejor de la universidad es que te da un escenario para conocer gente chévere”; entendiendo con ello que es un nexo entre la persona y el mundo. En la universidad conoció a Alejandro Machacuay, quien era su amigo, era camarógrafo en un proyecto de la universidad y además director del Cine Fórum. Es Alejandro quien lo introduce al mundo del  séptimo arte, aprendiendo viendo cine y enseñándole el manejo de equipos, luego dentro del curso de Producción Audiovisual apoyó a Machacuay apoyando a los estudiantes dentro y fuera de las aulas. Ahí adoptó ese método que practica hasta la actualidad.
En su etapa final como universitario, Manuel descubrió su gusto por la docencia, al tener la oportunidad de reemplazar a un docente que se había retirado por una enfermedad. Así pues, Manuel fue alumno y maestro al mismo tiempo y desde entonces continúo con su dedicación a la formación de profesionales.
Graduado de la universidad, retorna a Lambayeque donde se desempeñó en prensa escrita dentro del Diario La Industria.  En ese medio estuvo seis meses,  en los cuales se dedicó al periodismo policial y luego al periodismo político. Luego trabajó en Piura, en un programa llamado “Univoz”, este programa permitió a los estudiantes universitarios presentar reportajes que, según Manuel tuvieron un nivel muy “pro”. También trabajó en medios radiales en Piura, cubriendo algunos eventos donde, en el 2003 conoce a Guillermo del Piélago quien lo convenció a presentar un proyecto de cine  a la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo (USAT) en Chiclayo. Aunque en la casa de estudios superiores le comunicaron que no contaban con una Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación, le ofrecieron un trabajo en la de Promoción y Desarrollo donde se desempeñó en el área de Marketing en el cual trabajó durante siete años. Durante su etapa dentro del área de Marketing y con un equipo de cuatro personas, sacaron adelante a la naciente universidad, Manuel comenta que en ese tiempo “hicieron de todo” en esa oficina.
En el 2004 Manuel junto con Milton Calopiña realizaron un taller de cine gratuito dentro de la universidad, este acogió a diversos alumnos de diferentes casa de estudios superiores y carreras. Al año siguiente, un 31 de mayo del 2005, crean oficialmente la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación en conjunto con Milton Calopiña y Julio Flores. En ese periodo Manuel divida sus tiempos en la Oficina de Promoción y Desarrollo con la escuela.
-         El inicio de mi vínculo con la docencia fue por accidentes, siempre – comenta – en principio la enfermedad de un “profe”, luego el taller que dictaba con Milton gratuitamente porque queríamos hablar de lo que nos gustaba y después la escuela, que no contaba con docentes, entré a enseñar por la necesidad de que salga una Escuela de Ciencias de la Comunicación a pedido del rector.
Manuel considera que los estudiantes deben tener una experiencia amor – odio dentro de las aulas.
-         Lo peor que puede pasar en un curso es que exista indiferencia, deben generar acciones y sentir cosas, afirma
Su dinámica académica consiste en no tener exámenes sino proyectos que salgan de las aulas y más que ser un docente que dicte y mande trabajos sea un amigo que aprende, ayuda y “chambea” con ellos, esta metodología lo aplicó en todas las universidades en las que laboró, con la misma entrega. Eyzaguirre confiesa que fue docente en varias universidades no porque le guste enseñar, sino que la necesidad económica y familiar lo llevó a trabajar en otros lugares. Sin embargo pese a ello siempre intentó hacer que sus alumnos expriman su potencial con la misma energía. Además considera que su deber como docente es “desahuevar” al estudiante.
Manuel cuenta que durante el tiempo que trabajó como docente en USAT siempre le llamaron la atención por decir lisuras, ante esto él mismo responde que las lisuras son parte de su ser, además cree que es gracias a eso que sus estudiantes logran conectar con él, llegando a romper la brecha alumno – docente la cual Eyzaguirre confiesa no ser consciente.
Manuel tiene mucho cariño a USAT por todo lo que pudo lograr, todos los proyectos que sacaron adelante, no solo en el rubro audiovisual y sus alumnos lo aprecian, lo respetan, lo admiran y muchos de ellos más que su profesor lo ven su amigo. Entonces ¿Por qué ya no enseña en USAT?
Eyzaguirre confiesa que sus conflictos iniciaron con el despido de una docente cuando era director de escuela. Luego, varios docentes salieron de la universidad por un tema de maestría, mediante un Acta de Responsabilidad de Estudios de Postgrado. Aparte el clima dentro de la casa de estudios, al menos para Manuel, era insostenible por ambos, ya que a la universidad no le agradaba su forma de ser y a Manuel no le agradaba la forma como era llevada la escuela. Sin embargo, llegaron a un acuerdo, según él, tan bueno que actualmente estudia su maestría dentro de la entidad, gracias a un convenio.
Pese a todo eso, Manuel pasó a formar Norcinema junto a su alumno y hoy colega Carlos Guerrero y también ingresó a trabajar dentro de la Universidad de Chiclayo (UDCH). Eyzaguirre confiesa que fue gracias a su salida de USAT que pudo emprender estos rumbos. También afirma que actualmente se siente como “pez en el agua” porque puede producir proyectos audiovisuales con total libertad y siente, aunque no se los ha contado a sus alumnos, que regresó a sus primeras épocas como docente lo cual lo llena de alegría ya que eso se le fue arrebatado cuando aceptó el cargo de director de Escuela.
FUENTE 2: Perfil personal de Manuel Eyzaguirre (previa autorización)
Durante la época de nacimiento de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación en USAT Manuel conoció a quien sería su esposa y madre de su único hijo. Comenta que el inicio de la escuela estuvo conectado con su inicio en la vida familiar. Manuel afirma que se casó por impulsividad, “estaba muy enamorado y ya”, jamás pensó en ser padre pero tampoco se arrepiente. Sin embargo su vida familiar no fue lo que esperaba, según nos comenta, él tuvo muchos errores a nivel familiar y económico, no supo invertir en su familia ni en sus equipos, piensa que quizás fue la carencia de una visión y ambición empresarial lo que condujo a tales equivocaciones, además de no tener una buena comunicación dentro de su familia esto llevó a que en el año 2010 su esposa iniciara los trámites del divorcio. Esto ocasionó que Manuel se deprimiera y considera que eso despertó en él las enfermedades que lo aquejaba desde niño, tiempo después se dio cuenta que la vida familiar no era para él y actualmente se lleva bien con su exesposa y su hijo, para él, es su “pata” y la fuente de su tendencia audiovisual autobiográfica.
Manuel no considera tener un ambiente familiar como tal, no asiste a reuniones familiares, no habla ni con su mamá ni con su hermana quien vive con él en casa de su tía, su padre está muerto. Él generalmente se encuentra fuera de su casa y si tiene que hablar de su familia lo hace a través de sus cortometrajes.
Él se considera un ser asocial, le aburre las invitaciones a eventos, odia que lo llamen referente, el prefiere estar metido en su habitación viendo películas o haciendo sus quehaceres. Sin embargo socializa muy bien con sus estudiantes, a tal punto de no considerarlo solo un docente, sino también un amigo.
Algunos de los estudiantes que pasaron por los cursos que dictaba Manuel tienen el concepto de él como docente y como amigo. Muchos están de acuerdo a que Eyzaguirre siempre separa la amistad y el trabajo, que por más amigo que seas de él si te mereces desaprobar, te va a desaprobar o si requieres de su ayuda profesional te la dará sin poner peros. Sin embargo, como persona saben no tiene reparos en hablar fuerte para que te des cuenta de algunas cosas, es una persona hiperactiva, servicial y que se preocupa por ellos. Pero también existen opiniones de estudiantes y conocidos quienes  afirman que Manuel Ricardo Salvador Eyzaguirre Bravo tiene ciertos comportamientos considerados “poco apropiados”. 
Eso es Manuel Eyzaguirre como ser humano, pero ¿Qué hay de Manuel Eyzaguirre como cineasta?
Manuel ha realizado cine desde que ingresó a la universidad. Pero fue a raíz del nacimiento de su hijo cuando él adopta el estilo autobiográfico en sus producciones. Su tipo de producción es muy intimista, de equipo mínimo y de bajo presupuesto. Comenta que su primer producto audiovisual fue un videoclip de una casona antigua en Piura, con sus propias palabras afirma que “fue horrible”. Años después hace un cortometraje documental de los pensionistas en Piura, el cual lo atesora con mucho cariño. Luego asesoró numerosos cortometrajes con Alejandro Machacuay con la cual ganó experiencia en la calle.  Cuando trabaja en USAT, realizó el taller de cine con Milton Calopiña donde grabaron varios proyectos.
Después del nacimiento de su hijo, afronta una crisis económica -  familiar donde afronta la terrible vejez de su abuela y como forma de reclamo hacia su familia por el abandono, decide grabar “La abuela Genoveva”. Luego graba “Viajero”, como una necesidad de escuchar a su padre y la razón por la cual fue agresivo, infiel, etc. Manuel considera que su padre fue el verdadero director ya que él se apoderó de la cámara y ella obtuvo un papel catártico. Tiempo después decide grabar “Verano”  un trabajo donde su hijo fue el protagonista.
Desde “La abuela Genoveva” empieza la etapa de estilo autobiográfico, donde grabó varios films vinculados a su entorno, como “Emblemático San José”, “La casa de los gatos”  donde habla sobre las mujeres de su familia y finalmente “Mensaje a la nación”, la cual es una carta audiovisual dirigida a su hijo.
Manuel Eyzaguirre considera que la mayoría de sus trabajos nacen a partir de la necesidad por obtener una respuesta, exteriorizar un sentimiento o dejar un legado fílmico y autobiográfico para su hijo y su descendencia para que entiendan sus raíces.
-         Mi cine nunca fue pensado para ser distribuido en festivales o ganar premios - confiesa - Cuando uno hace cine autobiográfico, primero debe pensar en uno, en las personas que le rodean, en el personaje que estás grabando, en la vida que estás tocando, en el registro familiar e histórico y evitar que eso muero como forma de memorias, de eso trata el cine.
Actualmente Manuel está trabajando en dos proyectos de largometrajes “Parásito” y “Domingo”.
Manuel Ricardo Salvador Eyzaguirre Bravo es todo un personaje, niño enfermizo criado en un hogar disfuncional, con pocos recuerdos de su infancia y un amplio repertorio de películas a las cuales hace referencia en su filmografía.
Un estudiante mediocre académicamente, pero que supo sobresalir en el mundo del cine, mostrando al mundo una faceta más íntima a través de sus películas.
Un comunicador, docente y amigo en varias universidades. Una persona íntegra para muchos y de comportamiento inapropiado para otros. Un ser humano que no sigue las reglas, odia la burocracia y las invitaciones a eventos, pero que nunca se negaría a tenderle la mano a un estudiante o colega.
Un cineasta que ha narrado parte de su vida a través de sus cortometrajes, por la necesidad de una catarsis y de mostrar sus raíces a su descendencia. Un hombre cuyo motor es su hijo y su gasolina la impulsividad que lo mueve muchas veces a realizar cosas sin pensar y cometer errores. Ese es Manuel Eyzaguirre.


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